Una curiosa carta de 1794

LA CUARESMA EN LA ALDEA DE ZAPATEROS EN LAS POSTRIMERÍAS DEL SIGLO XVIII

Carta al Obispo Don Diego de Ugalde del Capellán de la Parroquia de Aguilar de la Frontera, Don Juan José Valverde. 19 de noviembre de 1794.

Una de mis mayores curiosidades, una necesidad tal vez, es conocer todo lo posible sobre la historia de nuestro pueblo. Por desgracia, la falta de tiempo me impide acceder a los archivos y restos históricos que pudieran ayudarme. Probablemente deba esperar a mi jubilación para disponer de horas y horas de investigación. Por suerte, algunas veces te encuentras con joyas que te revelan pocos pero interesantes datos. Así ocurre con el documento que en estas páginas os presento. Un amigo lo captó en el archivo del Obispado de Córdoba y tuvo a bien facilitarme una fotocopia.

Se trata de una carta, fechada el 19 de noviembre de 1794, que dirige el Capellán de la Parroquia de la Villa de Aguilar de la Frontera, llamado D. Juan José Valverde, al Obispo de Córdoba, en aquellas fechas, Don Diego de Ugalde. En esos días reina en España Carlos IV, Francisco de Goya es el pintor de la Corte, cinco años atrás estalló la Revolución Francesa de 1789 y catorce años más tarde comenzaría la Guerra de la Independencia.

La carta en sí encierra una solicitud de reconocimiento de méritos y una recomendación ante el Supremo Consejo de Castilla con objeto de elevar unos informes de extrema complejidad al mismo. Entre los méritos presentados hace un estudio de necesidades para la aldea de Zapateros. Necesidades de tipo espiritual se entiende, porque comienza su carta diciendo que, a cierta fecha:

“no se haya habido Predicador de Quaresma en la Población de los Zapateros”

para luego pedir de manera sutil:

“me parece que no será perdido el que su Excelencia imbie algún religioso a que instruiga a aquellas gentes”

A continuación de unos datos sobre la aldea de Zapateros que él dice recibir de un presbítero que es quién solicita el predicador de cuaresma, y añade, hablando de los feligreses:

“el número de vecinos dicha Población pasa algunos de veinte”

para seguir situando a la aldea:

“dista de este pueblo una legua y media y de el de Monturque que es el más inmediato unos tres cuartos de legua”

Luego, adentrándose en temas religiosos y usando la metáfora del pastor y las ovejas, nos dice qué enseñanzas de este tipo reciben:

“en el año no se tenga otro pasto espiritual que la lección de el capellán que les dice Misa y me asegura les lee los actos de Fe, Esperanza y Caridad”

Seguidamente, antes de pasar a exponer sus cuitas y solicitar sutilmente la recomendación, adorna su información sobre la aldea con un ejercicio de autoridad sobre el capellán y dice:

“le he exortado a que se exponga para que tengan estas gentes el consuelo de confesarse con él, es mozo que me persuado lo hará y de mi parte haré quanto esté a este fin.”

Posteriormente y tras una probable consulta del Obispado sobre la situación concreta en que la aldea de Zapateros está con respecto a su educación espiritual y usando como base su primera carta, Don Juan José Valverde, contestando sobre si:

en vez de un Presbítero havía ido un Predicador a la Población de los Zapateros”

comunica que:

bien informado debo decir que solo ha havido el que el de esta villa o el de la de Monturque han pasado algunas veces por dicha Población, y otras alguno de los curas de esta Parroquia.”

y razona el desorganizado servicio pastoral en base a los pocos habitantes y sus pobres circunstancias económicas:

“porque siempre han reputado por incapaz de mantener a un Predicador tan cortos vecinos y de tan pocas facultades”

Para acabar, Don Juan José Valverde insiste en el envío de algún religioso, ofreciéndose además para que nuestros antepasados no vivan sin apoyo pastoral:

“en el presente año si su Excelencia no determina mandar algún religioso haré para que no carezcan de todo pasto espiritual.”

No constan en la carta más datos relativos a nuestros ancestros que los expuestos, careciendo de información con respecto a la ocupación de “tan cortos vecinos”, aunque muy probablemente fueran obreros agrícolas por ser de “tan pocas facultades”. Sí parece obvio que tuvo que producirse una repoblación posterior y que la misma trajera como consecuencia la asistencia de un clérigo estable, que pondrían las bases de la actual Villa de Moriles y su Semana Santa.

Nota: En la carta, la escritura original está llena de abreviaturas que no se han transcrito tal cual para facilitar la lectura.

Artículo publicado en la Revista de Semana Santa de Moriles de 1998.

Juan Estrada Aguilera


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