LA FUENTE DE ZAPATEROS: UN CONFLICTO SEÑORIAL EN EL SIGLO XV

LA FUENTE DE ZAPATEROS:

UN CONFLICTO SEÑORIAL EN EL SIGLO XV.


Francisco Ojeda Leiva

Hace ahora algo más de quinientos años, se produjeron unos hechos que serían determinantes para el futuro de nuestro pueblo, pues la posesión de las tierras que hoy constituyen el término de Moriles daría lugar a un largo pleito entre las villas de Aguilar y Lucena. De ello existe abundante documentación entre la que he podido localizar el documento más antiguo en el que se cita a la Fuente de Zapateros. Se trata de un manuscrito en pergamino, que se conserva en el Archivo General de Simancas, acerca de una receptoría de testigos que se solicitó en dicho litigio seguido por don Diego Fernández de Córdoba, Alcaide de los Donceles y su villa de Lucena, contra don Alonso Fernández de Córdoba y la suya de Aguilar, “acerca de los términos llamados la Fuente de los Zapateros, y otros”, fechado el 11 de Mayo de 1493 (1).

(Fig. 1. Archivo General de Simancas, Receptoría de testigos de 1493)

Estos acontecimientos se producen en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna, cuando en Andalucía se dan unas circunstancias diferentes a las del resto de Europa como son la existencia de una frontera con el reino Nazarí de Granada, una larga contienda contra los musulmanes, con constantes ataques y episodios de armas, y una nobleza cuya máxima ocupación había sido la guerra, lo que hizo resurgir el espíritu caballeresco entre sus miembros.

En este contexto, se produjo el enfrentamiento entre dos ramas de la misma familia por el territorio de los Zapateros. Los personajes principales que intervinieron en la contienda, Don Alonso y Don Diego, señores de las villas de Aguilar y Lucena, respectivamente, eran parientes del linaje de los Fernández de Córdoba.

Don Alonso Fernández de Córdoba, también llamado don Alonso de Aguilar y don Alonso el Grande (1444-1501), es considerado como el personaje más poderoso del reino en la segunda mitad del siglo XV. Entre otros cargos, fue  alcalde mayor y alcaide de Córdoba, y alcaide de Alcalá la Real y de Antequera, asimismo participó en todos los hechos de armas importantes en su época (2). Destacado miembro de la nobleza andaluza, era el hermano mayor de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, quien tuvo un papel decisivo en la Guerra de Granada, donde adquirió gran fama militar, que consolidó posteriormente en sus campañas de Nápoles. Don Alonso acabó sus días en la Sierra Bermeja, luchando en la Guerra contra los moriscos (3).

En cuanto a don Diego Fernández de Córdoba III, su vida está llena de proezas especialmente en relación con la guerra de Granada y las conquistas africanas. El hecho de armas más destacado es su participación en la famosa batalla del Martín González o de Lucena (4). En la primavera de 1483, Boabdil, el Rey Chico, después de la campaña de los castellanos en la Axarquía de Málaga, que acabó en una gran derrota de éstos y desastrosa retirada, se acercó con un gran ejército, compuesto de nueve mil peones y setecientos caballeros, talando los campos de Aguilar, Montilla, Castro y Espejo, viniendo a poner sitio a Lucena. Avisados los parientes del Alcaide de los Donceles, acudieron en su auxilio el Conde de Cabra, con sus gentes de Baena y Cabra, las de Luque mandadas por don Juan Venegas, y las de Aguilar y Montilla regidas por don Alonso Fernández de Córdoba. En esta situación, los de Granada levantaron el real y tomaron el camino de Loja, entonces los cristianos acordaron seguir al enemigo, aún cuando eran mucho menores sus fuerzas. Los musulmanes creyendo que se acercaba un gran ejército comenzaron una retirada confusa que acabó en una gran victoria de los cristianos, en la que el Alcaide de los Donceles y el Conde de Cabra hicieron prisionero al rey de Granada. Don Alonso también acudió a Lucena y participó en esta batalla cobrándose la vida de Aliatar, un importante caballero musulmán, alcaide de Loja y suegro de Boabdil.

En cuanto al desarrollo del pleito, éste fue largo y tedioso, con numerosos incidentes que retrasaron su resolución. De la documentación conservada en el Archivo General de Simancas y en el Archivo Ducal de Medinaceli podemos hacer una reconstrucción aproximada de los principales hechos.

Durante los primeros años del dominio cristiano sobre esta zona ya se había procedido a una reordenación del territorio, pues en el año 1263 el rey Alfonso X aprobó la partición de términos entre Aguilar, Estepa, Lucena, Benamejí y Castillo Anzur, aunque, como veremos, estos términos no debieron quedar bien definidos y en sus límites quedarían tierras “de nadie” como la Fuente de Zapateros, que darían lugar a diversos enfrentamientos.

(Fig. 2: Alfonso X, miniatura de las Cantigas)

El conflicto se inició en 1470, sometiéndose don Alonso de Aguilar y el Alcaide de los Donceles a la intervención mediadora de Pedro de las Infantas, el cual dictó sentencia el 30 de junio de 1471, favorable a Aguilar, al tiempo que procedió a fijar de nuevo los mojones, más estables, en los lugares por donde debían quedar delimitados ambos términos. Sin embargo, la situación no se solucionó con esa primera medida y pronto, ambos señores recurrieron a la mediación del marqués de Villena.

Pero es en la última década del siglo XV cuando el enfrentamiento entre ambas villas se agudizó notablemente y, en noviembre de 1490 los Reyes Católicos ordenaron a Sancho de Barrionuevo que acudiese a solucionar el conflicto, dada la gravedad de la situación, ya que ambos señores habían reclutado entre los vecinos tropas de caballeros y peones, que estaban procediendo a luchas sangrientas (5).

En tanto se determinaba a quién pertenecían estas tierras una de las primeras medidas fue el embargo y secuestro de los términos debatidos, como medida precautoria para que no se apoderasen y disfrutasen de ellas las partes en litigio, pero un mes después los vecinos de Lucena se quejaron a los reyes de que los vecinos de Aguilar habían entrado en ese término y lo estaban arando y sembrando, por lo que fue confiada una nueva comisión a Sancho de Barrionuevo el 24 de diciembre de 1490.

Como consecuencia de estos disturbios, en enero de 1491, se dictó la orden de cumplir su destierro de Córdoba a Alonso de Villamediana, alcaide de Lucena, a Juan de Lucena, alcaide de Aguilar, y a Alonso Fernández de Aranda, alcaide de Montilla, “culpantes” en el debate de términos que hubo entre don Alonso Fernández de Aguilar, señor de la casa de Aguilar, y don Diego Fernández de Córdoba alcaide de los Donceles, y las villas de Aguilar y Lucena (6). En diciembre de este mismo año el Consejo comisionó al bachiller Bernaldino de Illescas, para que interviniera en las diferencias que seguían existiendo por la propiedad de estos términos (7).

A comienzos de 1492 los vecinos de Lucena se quejaban de que ciertos vasallos de don Alonso, vecinos de Aguilar y Montilla, permanecían armados y preparados para echar por la fuerza a los vecinos de Lucena de sus propias tierras, por lo que los monarcas determinaron enviar al bachiller Francisco del Fresno para que lo solucionase. No obstante, la razón seguía estando de parte de Aguilar, como lo demuestra la información que los monarcas dieron a los oidores de su Audiencia en marzo de 1492, según la cual, el Navazo de Martín Angreo, término por el que ambos concejos pleiteaban, pertenecía a Aguilar (8).

En abril de ese mismo año de 1492, se ordenó por los Reyes Católicos que Juan de Bolaño, escribano de Cámara, hiciese la receptoría de testigos en este pleito, sobre los términos que se delimitaban, sitos por la parte en que Lucena confina con Aguilar (9). En mayo tuvo lugar también una receptoría de testigos solicitada por don Alonso, en Santa Fe, donde se encontraba el campamento de los Reyes Católicos, preparando la toma definitiva de Granada (10).

No obstante las pruebas de testigos celebradas, seguía sin solucionarse el problema y por ello, en agosto de 1492, se prorrogó al escribano Juan de Bolaños el término para hacer probanza en este pleito (11). Entretanto permanecía el secuestro de los términos, por lo que en noviembre de ese mismo año, se comisionó al licenciado Álvaro de Santisteban, corregidor de Écija, a petición de algunas personas singulares de la villa de Aguilar que tenían tierras en los términos en conflicto y solicitaban se alzara dicho embargo y secuestro (12). Al parecer, el secuestro continuó, si bien fue quebrantado por los vecinos de Aguilar, que volverían a ocupar las tierras embargadas y, en mayo de 1493, se ordenó una nueva comisión al juez de términos de Córdoba sobre el quebrantamiento del ‘secreto’ puesto en los términos por los que debaten don Diego Fernández de Córdoba, alcaide de los Donceles, y don Alonso Fernández de Córdoba, “cuya es la casa de Aguilar”, lo cual habían realizado los vecinos de Aguilar. (13)

De entre las pruebas fundamentales utilizadas en el pleito para determinar la propiedad de estas tierras encontramos las receptorías de testigos, es decir, la prueba testifical de los vecinos de Aguilar y Lucena, conocedores de los lugares y términos discutidos, sin embargo éstos fueron acusados de falsedad y de decir lo que querían sus respectivos señores en varias ocasiones, como por ejemplo en el documento de 11 de mayo del año 1493, por el que se ordenaba al licenciado Sancho Sánchez de Montiel, juez de términos de la ciudad de Córdoba que investigara la petición de don Diego Fernández de Córdoba,  Alcaide de los Donceles, según el cual  “a su notiçia era venido que en el pleito que el dicho su parte e la dicha su villa de Luçena trata en el nuestro Consejo con Don Alonso Fernandez de Cordova e la su villa de Aguilar sobre la Fuente de Çapateros e los otros terminos, por parte de la dicha villa de Aguilar fueron presentados testigos que nunca vieron ni supieron los dichos terminos e un dia antes que se presentasen diz que y van los vecinos de la dicha villa con los dichos testigos a los dichos terminos mostrandoles los limites e nombres que querian que señalasen”.

(Fig. 3: Texto con la frase “Fuente de los Zapateros” en este documento)

La enemistad entre ambos señores no se limitó a este pleito sino que, como hemos visto, se extendió entre sus vasallos, en una abierta hostilidad que produjo serios enfrentamientos entre vecinos de Lucena y Aguilar, y en otras poblaciones que se encontraban bajo su señorío o jurisdicción. Así por ejemplo en febrero de 1494, se ordenaba al licenciado “Andrés Calderón, alcalde de Casa y Corte, que haga información sobre el portazgo cobrado a los concejos de Aguilar y Montilla cuando llevan cosas para vender en Lucena; y orden de prender a los “culpantes” (14). Y en noviembre de ese mismo año, se comisionó al corregidor de Ecija, a petición del Alcaide de los Donceles, que acusaba al alcaide de Benamejí de haber ordenado quemar el “Pontón del Maestre”, en término de Lucena, sobre el río “Guadajenil”, por donde se va al reino de Granada, porque quería que los mercaderes y recueros pasasen por el “Pontón de don Gonzalo”, en donde pagan los portazgos de Aguilar (15).

Los incidentes sobre el pleito continuaron y en diciembre de 1494 se ordenaba al licenciado Álvaro de Santisteban  que se personara en los términos objeto de disputa para que informase sobre “quienes tenían tierras allí antes de comenzar tales debates, y dé licencia para cultivarlas a los vecinos de Lucena que así las poseyeren” (16). Al mismo tiempo se comisionó al corregidor de Ecija para que hiciese las  pesquisas necesarias sobre el “quebrantamiento de mojones” (18), y al licenciado de Santisteban, a petición de la villa de Aguilar, “sobre que el alcaide de los Donceles y los vecinos de su villa de Lucena, habían deshecho los mojones puestos dividiendo los términos entre ambas villas para que no se averiguase la verdad en el pleito que trataban entre ellos” (17).

Asimismo, Fernando de Alcántara, escribano público y vecino de Lucena, denunció que desde unos seis años antes, Antón de Antequera, vecino de Estepa, y otros, por orden de Juan de Ávila, alcaide de Aguilar, quitaron una piedra horadada que servía de mojón en el cerro entre las dos villas y la llevaron rodando hasta enterrarla, además de cortar una encina que, en las Loberas de Campanillas, servía igualmente de hito para delimitar ambos términos (18). En relación con este suceso, en el año 1997, realizando labores agrícolas en el Cerro de las Treinta Fanegas, junto al camino del Moril y de la Atalaya, y a corta distancia del camino de la Campana, apareció enterrada una piedra cilíndrica horadada, que no estaba asociada a restos constructivos, por lo que es presumible que se tratara de uno de estos mojones que delimitaban los términos, aunque no podemos saber si es alguno de los que citan las fuentes documentales.

En 1497 el Corregidor de Écija, que había sido comisionado para hacer pesquisas sobre la destrucción de mojones y acerca de la entrada de vecinos de Aguilar y Monturque en las tierras que permanecían en secuestro, dictó una nueva sentencia a favorable a don Alonso y su villa de Aguilar, si bien el concejo de Lucena siguió con las protestas.

En los años siguientes se siguen sucediendo incidentes en este litigio, como la comisión dirigida al licenciado Francisco Dávila para que entendiera en el asunto de los testigos falsos que depusieron en la pesquisa que hizo el licenciado Alvaro de San Esteban, corregidor de Ecija, en este pleito; o sobre el quebrantamiento por vecinos de Aguilar y Monturque del secuestro de estos términos por orden real (20).

También continuaron los disturbios por lo que se solicitó al corregidor de Córdoba que hiciera pesquisas sobre la demanda de don Diego Fernández de Córdoba, contra don Alonso de Aguilar, porque éste le había acusado de hacer ayuntamiento de gentes en su contra (21), y la comisión para que Alonso Enríquez, corregidor de Córdoba, determinase acerca de los diversos agravios cometidos por don Diego contra don Alonso (22). Hasta tal punto llegaron las diferencias que se dictó una ejecutoria contra Gonzalo Rodríguez de Baeza, criado de don Alonso de Aguilar, acusado de agredir a Diego de Castro, criado del Alcaide de los Donceles (23). Finalmente hubo de determinarse que “Que don Alonso Fernández de Córdoba, “cuya es la casa de Aguilar”, don Diego Fernández de Córdoba, alcaide de los Donceles, el corregidor de Córdoba, y las justicias de las villas y lugares de los dos dichos, no consientan que los vasallos de uno pasen a las tierras del otro, para evitar que se alimenten las diferencias entre ambos” (24).

La última sentencia de que tenemos noticias fue igualmente favorable a don Alonso de Aguilar, en el año de 1498, pero poco después su oponente hizo una reclamación contra la misma. Con posterioridad se siguen sucediendo los debates y pesquisas, de manera que en el año 1520 todavía seguían pleiteando ambas villas por estos términos (25).

En cuanto a Zapateros, la línea divisoria quedó finalmente fijada por la denominada “mojonera del término” que llegaba casi hasta la misma Fuente, creemos que al menos desde 1688, año en el que se realizó el deslinde a que se refiere Franco y Areco, y en el que para señalar la división con Lucena se reconoció un mojón antiguo en “el arroyo de los Zapateros quedando fuera la huerta” (26), y así ha permanecido hasta hace pocos años.

La primera conclusión que podemos extraer de este pleito es el despoblamiento general de esta zona. En efecto, desde la  conquista de Córdoba en 1263 por el rey Fernando III, tras la que se produce una rápida toma de castillos y núcleos de población que habían estado en manos de los musulmanes -citándose por las crónicas cristianas, entre otras, las plazas de Estepa, Santaella, Rute, Lucena, Aguilar, Benamejí, Zambra, Baena, Zuheros, Zuheret y Luque-, se paraliza la Reconquista y se fija casi de forma definitiva la Frontera con el reino granadino. Si bien durante los primeros años de la conquista, “la población se mantuvo porque la ocupación se hizo mediante pactos o pleitesías, en virtud de los cuales los musulmanes pudieron permanecer en sus respectivos lugares de origen en calidad de sometidos o de moros mudéjares, esta situación perduró tan sólo algo más de dos décadas, porque tras la revuelta contra Alfonso X en 1264 fueron expulsados de Andalucía. A partir de entonces se produce: una castellanización del territorio y una caída demográfica que debió mermar en gran parte los efectivos humanos de muchas aldeas agrícolas y producir, quizás, el abandono definitivo de algunas de ellas” (27), esto fue lo que presumiblemente ocurrió con la aldea que existió en Zapateros durante la baja Edad Media y que quedaría abandonado tras la conquista cristiana.

(Fig. 4: Caballería musulmana, Cantigas de Alfonso X)

Además hemos de tener en cuenta que el territorio del actual Moriles se encontraba en el centro de dos importantes vías de comunicación: la calzada romana Corduba-Antikaria-Malaca, que comunicaba la capital de la Bética con la costa malagueña, y el denominado camino de Metedores, que desde Alcaudete se dirigía a Cabra, Baena y Écija (28). Dichos caminos siguieron siendo utilizados a lo largo de la Edad Media y existe constancia de su uso para los desplazamientos de los ejércitos castellano y musulmán en las campañas que tuvieron como centro de operaciones esta zona de la Campiña. Así por ejemplo, tanto la batalla de Castillo Anzur en la que salió vencedor Alfonso I de Aragón, el Batallador, en el año 1126, como la citada de Martín Gonzalo del año de 1483, se desarrollaron en las inmediaciones de Zapateros, y los ejércitos en liza se desplazaron por los caminos próximos a nuestro pueblo, devastando cuanto a su paso encontraban, por lo que esta zona sufriría las consecuencias de la guerra de frontera durante toda la Baja Edad Media, con desastrosas consecuencias para la población rural, de ahí quizás el origen de algunas leyendas de batallas en torno a Moriles como la del Moril o la que describe Castelar en el “Suspiro del Moro”, que pueden tener su base histórica en alguno de estos hechos de armas, o en otros desconocidos al no haber sido transmitidos por las crónicas, y que seguramente se desarrollaron en estas tierras.

Por último, en cuanto a la delimitación del término de Aguilar (posteriormente Zapateros-Moriles) con Lucena, lo más natural es que se hubiese apoyado en límites naturales  -arroyos o montes- o en vías de comunicación, por lo que lo más lógico hubiera sido que discurriese por el Camino de la Campana -que como hemos puesto de manifiesto es una antigua calzada de época romana-, como ocurre por ejemplo con la delimitación entre los términos de Monturque y Lucena. No obstante, ello no fue así, sino que la línea de términos –que en el caso de Monturque si respeta ese camino- se introduce de forma anómala hacia Moriles para llegar casi hasta la misma Fuente de Zapateros, y ello se produce a consecuencia de este pleito y por el interés que ambas villas en litigio mostraron en la posesión de esta fuente como punto estratégico como cruce de caminos y para el abastecimiento de personas y ganados, así como por la bondad y riqueza de estas tierras que hoy constituyen el término de Moriles. Quizás nuestra historia hubiese muy diferente si el pleito se hubiera resuelto de manera favorable a las pretensiones del concejo de Lucena, aunque como esto último no ocurrió, nunca sabremos cuál hubiera sido nuestro destino en este caso.

(Fig. 5: Primer plano del término de Moriles en su límite con el de Lucena)

Documentos:

R.G.S. V-1493-147

Barcelona, 11 de Mayo de 1493.

Alcayde de los Donzeles                                            Comysion sobre una recepcion de testigos.

Don Fernando e doña Ysabel, etc. A vos el licenciado Sancho Sanchez de Montiel nuestro jues de terminos de la Ciubdad de Cordova salud e graçia.

Separes que Bernaldo de Mármol en nombre de don Diego Fernandez de Cordova Alcayde de los Donzeles nos fixo relaçion por su petiçión que ante nos en el nuestro Consejo presento dixiendo que a su notiçia era venido que en el pleito que el dicho su parte e la dicha su villa de Luçena trata en el nuestro Consejo con Don Alonso Fernandez de Cordovae la su villa de Aguilar sobre la Fuente de Çapateros e los otros terminos, por parte de la dicha villa de Aguilar fueron presentados testigos que nunca vieron ni supieron los dichos terminos e un dia antes que se presentasen diz que yvan los vecinos de la dicha villa con los dichos testigos a los dichos terminos mostrándoles los limites e nombres que querian que señalasen en sus dichos porque acatasen en ellos e dixeren que sabyan los dichos terminos e que asy lo avyan dicho e publicado muchos de los testigos de los que fueron presentados por el dicho Conçejo de Aguilar e que porque no se pudiese encobryr la verdad ny la dicha colusyon e engaño e ovyese efeto que nos syplicava e pedia por merced en el dicho nombre que mandasemos al Jues que facia el proceso hasta la conclusión por nuestra carta de comisión que tornase a esaminar los dichos testigos e les preguntase el dicho engaño e colusyon e otro tanto hiziese a los testigos el dicho Alcalde e ficieze lo que fuese justicia por manera que cuando el proÇeso a nuestro Consejo vyniese estuviese en tal estado que se pudiese determinar definitivamente o como la vuestra merced fuese. E nos tovismolo por byen e confiando en vos que soys tal que guardareys nuestro servicio e la justicia de las partes e byen e fielmente hareis lo que vos fuere encomendado e cometidoes nuestra merced de vos encomendar e cometer lo susodicho e por la presente vos lo encomendamos y cometemos, porque vos mandamos que luego veades lo susodicho e llamades e oydes las partes a quien atañe lo más brevemente e syn dilacion que se pueda simpliçiter e de plano syn extreputy e figue? De juicio solamente la verdad sabida libreres e determinades en ello lo que fallarades por derecho por nuestra sentençia o sentençias asy ynyrlocutoryas como definitivas la cual e las cuales e el mandamiento o mandamientos que en la dicha razon dieredes e pronunçiaredes llevedes e fagades elevar de pura e debida extinçion con efeto cuando con fuero o con derecho debades e mandenos a las partes a quien atañe e a otras cualesquier personas de quien entendieredes ser ynformado que vengan e presenten ante vos a vuestros llamamientos e emplazamientos a los pleitos e solas penas que vuestra parte las pusyeredes las cuales nos por la presente le ponemos e avemos por puestas para lo cual todo que dicho es con su incidencia y dependencias anexidades e conexidades vos damos poder cumplido por nuestra carta e no fagades ende al (otra cosa).

Dada en la Çiddad de Barcelona a onse dias del mes de mayo año del naçimiento de Nuestro Señor Ihesuchristo de mil cuatrocientos e noventa y tres años.

Don Alvaro, Don Juan de Castilla doctor d´Alcoçer, doctor de Lillo, doctor de Oropesa. Yo Alfons de Mármol escribano de Camara del Rey y de la Reina, nuestros señores la fix escribir por su mandato con acuerdo de los de su Consejo.

NOTAS DEL AUTOR

1) Archivo General de Simancas, signatura RGS 149305, 147, fecha 11-050-1493, Barcelona.

2) J. Palma Varo, Apuntes para la Historia de Aguilar de la Frontera, Ayuntamiento de Aguilar de la Fra., 1979, pp. 17-21.

3) A. Aguilar y Cano, El Libro de Puente Jenil, Puente Genil, 1894, pp. 175-179. Como muestra del carecer combativo de don Alonso podemos destacar la versión que de su muerte realiza Bernaldez en “Historia de los Reyes Católicos”, se cuenta que los cristianos, por imprudencia y ante la posibilidad de obtener botín, cayeron en una emboscada de los moriscos en la Sierra Bermeja, al oeste de Ronda. Don Alonso, creyéndose abandonado de sus compañeros y del Conde de Ureña, exclamó con arrogancia “pues el estandarte de la casa de Aguilar nunca huyó de los moros”, y se preparó a la defensa, en ésta situación y después de duros combates llegó a verse solo, herido, sin caballo, y casi sin armas, después de haber tronchado por su mano las cabezas de muchos enemigos. En tal situación pudo colocarse con la espalda apoyada en una gran roca, vuelto el rostro a los que le acometían y acosaban. Así continuaba defendiéndose, hasta que un robusto y forzudo moro le obligó a luchar con él a brazo partido. En la refriega desabrochose el arnés al caballero andaluz; aunque herido el de Aguilar, se abrazó con su contrario, y ambos vinieron al suelo. Quedó encima el vigoroso moro, y el de Aguilar viéndose vencido, como si esperara que su nombre había de aterrar a su adversario: “Yo soy, le dijo, don Alonso de Aguilar.- Y yo soy, contestó el moro, el Feherí de Ben Estepar”. Al oir este odioso nombre, el cristiano se encendió en ira, recogió todo su aliento, e intentó descargarle el último golpe; pero le fue fácil al moro detener su casi desfallecido brazo, y clavando un puñal en el desnudo pecho del cristiano, le dejó sin vida.

4) M.C. Quintanilla Raso, Nobleza y Señoríos en el Reino de Córdoba: La Casa de Aguilar (siglos XIV y XV), Córdoba, 1979, pp. 170-171.

5) M.C. Quintanilla, op. cit., 1979, pp. 198-200, Archivo Ducal de Medinaceli, Sección Priego, 60-12 y 47.

6) AGS, RGS 149101, 158, fecha 10-01-1491, Sevilla.

7) AGS, RGS 149112, 273, fecha 22-12-1491, Córdoba.

8) M.C. Quintanilla, op. cit., 1979, p. 201.

9) AGS, RGS 149204,300, fecha 30-04-1492, Real de la Vega de Granada.

10) AGS, RGS 149205, 2, 322, fecha 09-05-1492, Santa Fe. Estos documentos del Consejo Real están otorgados en el lugar en que se encontraban los Reyes en ese momento, de manera que al ser itinerante la Corte se iban dictando en las diferentes ciudades a las que se trasladaban los monarcas según las necesidades de la Administración de sus Reinos o de la Guerra de Granada.

11) AGS, RGS 149208, 101-71, fecha 14-08-1492, Valladolid.

12) AGS, RGS 1492, fecha 10-11-1492, Barcelona.

13) AGS, RGS149305,153, fecha 15-05-1493, Barcelona.

14) AGS, RGS 149402,150, fecha 24-02-1494, Valladolid.

15) AGS, RGS 149411, 186, fecha 21-11-1494, Madrid.

16) AGS, RGS,149412, 389, 20-12-1494, Madrid.

17) AGS, RGS,149412, 388, fecha 20-12-1494, Madrid.

18) M.C. Quintanilla, op. cit., 1979, pp. 198-201, ADM, Priego, 60-51.

19) M.C. Quintanilla, op. cit., 1979, pp. 198-201.

20) AGS, RGS,149503, 2, 439, 03-11-1495, Madrid.

21) RGS,149803,406, 17-03-1498, Alcalá de Henares.

22) RGS,149803,465, 27-03-1498, Alcalá de Henares.

23) RGS,149803,373, 1498-03-30, Alcalá de Henares.

24) RGS,149805,336, 10-05-1498, Toledo.

25) M.C. Quintanilla, op. cit., 1979, pp. 201-202, ADM, Priego, 60-54.

26) F.R. Ojeda Leiva, Zapateros y Moriles en la cartografía histórica, 2007, pp. 24-27.

27) J.L. Pino García, Historia de Monturque desde los orígenes hasta el final de la Edad Media, 1993, p. 211.

28) E. Melchor Gil, Vías romanas de la provincia de Córdoba, 1995, pp. 105 y 144.

29) Agradecer sinceramente a la directora del Archivo Histórico Provincial de Córdoba, Doña Alicia Córdoba Deorador, por la ayuda prestada en la transcripción de este documento.

BIBLIOGRAFIA:

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Artículo Publicado en la Revista de Feria del año 2008. Editada por el Ayuntamiento de Moriles.


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