El Timbre Estrada

MIGUEL ESTRADA LARA: UN MORILENSE INVENTOR

En 1906 se generó una polémica entre Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset. Mientras este último era partidario de la europeización de España, D. Miguel, en una carta dirigida a D. José el 30 de mayo de 1906, dice sentirse “profundamente antieuropeo“, añadiendo: “¿Que ellos inventan cosas?, invéntenlas“. En el mes de julio siguiente, en un  artículo en forma de diálogo entre dos personajes:

ROMÁN.- Inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones. Pues confío y espero en que estarás convencido, como yo lo estoy, de que la luz eléctrica alumbra aquí tan bien como allí donde se inventó.

SABINO.- Acaso mejor.

Posteriormente, en 1912, en el epílogo de su obra “Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos” Don Miguel acuña de manera definitiva la frase que luego se haría famosa y que ha perdurado hasta hoy: “No ha mucho hubo quien hizo que se escandalizaba de aquello de “que inventen ellos”, expresión paradójica a la que no renuncio”.

Hoy día, estamos más en consonancia con el europeísmo de Ortega y Gasset que con el nacionalismo de Unamuno y apostamos decididamente por la investigación y el desarrollo, aunque esa actitud luego no venga respaldada con los fondos suficientes.

Sin embargo, en aquellos días, con poca profusión y un mecenazgo empresarial e institucional ridículos, en España se inventaba y bien. Y Moriles, Zapateros entonces, no podía ser menos.

Nacido el 3 de junio de 1874 en la aldea de Zapateros, Don Miguel Estrada Lara, Ingeniero Industrial, de la promoción de 1900 de la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona, era, además de un zapatereño-morilense enamorado de su tierra, inventor.

Suyas fueron las patentes del “Doble Regulador” de lámparas incandescentes, registrada el 5 de diciembre de 1900 en la Oficina de Patentes con el número 26962, y el “Timbre Estrada”, inscrita con el número 27391 de fecha 26 de febrero de 1901. Aquí recogemos la memoria descriptiva y los dibujos originales del Timbre Estrada, de puño y letra de D. Miguel.

En la casa de mi abuelo, donde yo me crié, que estaba situada en el número 28 de la Avenida de Andalucía de Moriles, había instalado uno de estos timbres en la entrada de la cocina. No se accionaba con el pulsador que había en el zaguán, sino con los pulsadores que había instalados en los dormitorios de la planta superior y estaba destinado, sobre todo, para que un enfermo o impedido que estuviera en cama, accionara el timbre cuando necesitaba que alguien subiera para atenderle.

Recuerdo que cuando yo era niño y ya estábamos los nueve hermanos en este mundo, traviesos y algo desobedientes, mi madre le imploró a mi padre que anulará el timbre, “que no puedo más”,….que aunque fuera un recuerdo de su padre (mi abuelo Miguel), “que es superior a mis fuerzas”… Los cuatro o cinco más pequeños, jugando al escondite por toda la casa, accionábamos el timbre desde los dormitorios para volver loco al que le tocaba quedarse. A mi madre era a quien volvíamos loca. Cuando alguno estaba enfermo, el llamar era casi continuo, y mi madre, como buena madre, nunca interpretaba que fuera un “que viene el lobo” falso, y allá que iba cada vez. Y cuando había más de uno enfermo o incluso alguno imaginario para no ir a la escuela,….Finalmente, mi padre no tuvo más remedio que desconectarlo.

Su antecedente lo encontramos en los palacios y grandes casas, en cuyas salas y dormitorios disponían de unos tiradores de tela con una borla en su extremo que, una vez accionados, hacían sonar una determinada campanita en la cocina o zona de servicio. En muchas películas de época lo hemos visto.

Es el mismo sistema que en los hospitales servía para llamar a las enfermeras, que con el tiempo se mejoró y se convirtió en interfono.

En otra ocasión, si lo estiman oportuno los responsables de la edición, traeré a estas páginas un recordatorio de la otra pasión de mi abuelo Miguel, una pasión de muchos paisanos zapatereños, la emancipación de su aldea.

Juan Estrada Aguilera

Septiembre de 2010

(Artículo publicado en la Revista de la Feria de Moriles 2010)


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